Por la incidencia y el impacto de las enfermedades cardiovasculares, es significativo que la población esté consciente de la importancia del chequeo por el cardiólogo, sea para una consulta preventiva como para el seguimiento de una enfermedad cardiaca. El médico en su evaluación realizará un buen historial clínico, así como un examen minucioso, complementado con las indicaciones de diferentes procedimientos diagnósticos, entre los cuales tenemos el ecocardiograma y la prueba de esfuerzo.
La ecocardiografía, desde su inicio en la década de los 50, ha ido evolucionando hasta lograr ser una herramienta de gran importancia para el cardiólogo en el diagnóstico y seguimiento de las enfermedades cardiovasculares (hipertensión arterial, enfermedad coronaria, insuficiencia cardiaca, enfermedades valvulares, pericarditis, endocarditis, entre otras), por lo cual nunca falta en las indicaciones prescritas al paciente. Es una técnica que se basa en la utilización del ultrasonido para estudiar las diferentes estructuras del corazón (ventrículos, aurículas, válvulas, pericardio...), el grosor y movimiento de sus paredes, los diámetros de sus cavidades, el análisis de sus funciones (función sistólica o capacidad de contraer sus paredes para expulsar la sangre y la función diastólica o capacidad de relajación de estas para producir el llenado ventricular), el flujo de sangre que circula a través de sus estructuras y los grandes vasos (arteria aorta y arteria pulmonar); y nos permite identificar y dar seguimiento a los cambios estructurales, funcionales y de los flujos.
El ecocardiograma convencional o transtorácico es la forma más utilizada, es un método diagnóstico no invasivo, rápido, sencillo, que se le puede realizar a cualquier persona, no produce molestias, de un costo bajo en relación al costo-beneficio y con una amplia difusión en el territorio nacional (hospitales, clínicas y centros diagnósticos).
Existen otras formas de ecocardiograma más especializadas que se reservan para casos específicos, como son: ecocardiograma transesofágico, ecocardiograma de contraste, ecocardiograma de estrés, ecocardiograma tridimensional y ecocardiograma para evaluación de asincronía ventricular.
En el ecocardiograma transesofágico se emplea una sonda de ultrasonido a través del esófago (similar al endoscopio que utilizan los gastroenterólogos para estudiar las vías digestivas altas) para evaluar estructuras cardiacas que no son valoradas adecuadamente por el ecocardiograma transtorácico y en enfermedades valvulares, endocarditis infecciosa, enfermedades de la aorta, entre otras.
El ecocardiograma de contraste tiene diferentes aplicaciones, siendo una de las más frecuentes la identificación de defectos (cortocircuitos) en las paredes que separan las aurículas y los ventrículos (septum interauricular e interventricular).
El ecocardiograma de estrés se emplea para investigar la enfermedad de las arterias coronarias (insuficiencia coronaria o cardiopatía isquémica como también es llamada) donde se administra un medicamento que aumenta la frecuencia cardiaca y la fuerza de contracción de las paredes del corazón. Con esta técnica podemos observar el movimiento de las paredes del ventrículo izquierdo y determinar si se producen cambios que puedan determinar la presencia de enfermedad coronaria.
En la ecocardiografía especializada las técnicas más modernas son: el ecocardiograma tridimensional, que nos permite reconstruir de forma tridimensional las estructuras del corazón y así tener una proyección diferente en la evaluación ecocardiográfica; y el ecocardiograma para evaluar la asincronía en el movimiento de las paredes del ventrículo izquierdo en los pacientes con insuficiencia cardiaca congestiva con deterioro importante, con esta valoración se determina si el paciente califica para la colocación de un dispositivo de resincronización y así mejorar su condición clínica.
Cardiología Dr. Oscar E. Padilla Haché médico cardiólogo ecocardiografista y coordinador de la Unidad Cardiovascular del HGPS.
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